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Las
armas pequeñas o livianas son aquellas que pueden ser usadas y
transportadas por una o dos personas, por ejemplo las pistolas,
revólveres, escopetas, rifles y ametralladoras pequeñas. También
las lanzagranadas, morteros, armas anti-tanques móviles y lanza
cohetes, incluso lanzamisiles antiaéreos portátiles, son
consideradas armas pequeñas.
Son
armas como estas las que provocan una gran mayorías de las
muertes (cientos de miles cada año) y heridas en los conflictos
civiles actuales. La amplia disponibilidad, el bajo costo y la
facilidad de uso hacen que las armas pequeñas estén
desparramadas por todas partes, siendo utilizadas no solamente en
las guerras sino también en los crímenes violentos. Se estima
que el 90% de las bajas en las guerras recientes fueron causadas
por armas pequeñas; y el 90% de esas víctimas era población
civil.
Más
de 70 países en el mundo industrializado fabrican armas pequeñas
y sus municiones. Las ventas directas a otros gobiernos o
entidades privadas corresponden al 13% de las ventas de armas en
todo el planeta. De la misma manera que sucede con las armas
pesadas, la falta de un código de conducta internacional facilita
a los dictadores y a los violadores de los derechos humanos la
adquisición de armamento en forma directa sin que parezca que las
están comprando.
Las
armas pequeñas también son mucho más atractivas para los
contrabandistas, ya que son baratas, fáciles de ocultar y
transportar. El lado secreto del contrabando de armas hace
imposible determinar con precisión la estructura del tráfico
(aunque algunos calculas que corresponde a la mitad de la
transferencia de las armas livianas). Estas armas son la principal
fuente de subsidio que terroristas, gobiernos afectados por
embargos y los criminales tienen para mantenerse. La situación se
hace más complicada porque el destino final las armas exportadas
en forma legal es difícil de rastrear, lo que facilita que sean
revendidas o contrabandeadas por terceros compradores.
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